El mercado de traspasos ¿Están los precios fuera de control?

Los records de transferencias se han superado varias veces durante el año pasado. ¿Tendrá esto efectos graves en los clubes más pequeños?

En agosto de 2016, justo después de que Paul Pogba firmara por 89 millones de libras esterlinas para el Manchester United, el prudente Arsene Wenger –en términos financieros-proclamó que "no pasará mucho tiempo antes de que veamos un fichaje de 150 o 200 millones de euros".

¡En la diana, Arsene!

De hecho, un año y cinco días después Neymar Jr. dejó el Barcelona para unirse al Paris Saint Germain por la escalofriante cifra de 220 millones. A primera vista puede parecer un muy buen negocio. El problema es que cuando vendes a un jugador como Neymar, obviamente tienes que buscarle un sustituto, y el precio de los jugadores que te pueden interesar de repente se sitúa en la estratosfera por la sencilla razón de que los clubes, agentes y jugadores con los que estás negociando son más que conscientes de que en ese momento estás en una posición desde la que no puedes declararte precisamente pobre. Así estaban las cosas cuando solo unas pocas semanas después Ousmane Dembélé, un jugador de 20 años con solo 32 apariciones y seis goles para el Borussia Dortmund, se incorporó al Barcelona por 105 millones de euros más 40 millones según objetivos. En su debut como titular en la Liga sufrió una rotura de tendón que lo mantuvo apartado del juego cuatro meses, y se lesionó de nuevo un par de semanas después de regresar. Pasará sin más pena que gloria en su primera temporada en el club. Sin darse por vencidos, en enero, contrataron -finalmente- a Phillipe Coutinho, del Liverpool, por una tarifa que podría alcanzar los 160 millones de euros. Durante su reconocimiento médico le diagnosticaron una lesión en el muslo sufrida unos días antes de incorporarse al Barcelona, lo que lo descartó por tres semanas. El Liverpool ya había gastado 75 millones de libras esterlinas -un récord mundial para un defensor- para llevar a Virgil van Dijk del Southampton a Anfield. Por su parte, el Celtic, el club anterior de Van Dijk, apenas podía creer su suerte cuando descubrieron que, debido a una cláusula de venta en su contrato con el Southampton, recibirían el 10% de la tarifa de traspaso de Van Dijk, que es más de lo que el Celtic pagó nunca por un jugador en toda su historia.

Y la rueda sigue girando. Pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Están los precios están fuera de control?

En 1996, los 15 millones de dólares por la transferencia de Alan Shearer al Newcastle nos sorprendió a todos. Hoy eso sería un poco más de £ 25m, apenas el 13% del acuerdo de Neymar. Estamos en otra dimensión inflaccionista que parece imparable. Pero que deberá detenerse si el fútbol no quiere convertirse en una burbuja que explote cuando menos se espere. El problema, por supuesto, se debe a que, como en todas las situaciones parecidas, hay "demasiado dinero persiguiendo muy pocos bienes". Una mezcla de oligarcas, jeques petroleros y multimillonarios estadounidenses, a lo que hay que sumar las empresas mediáticas, peleándose para entregar miles de millones por los derechos de TV y emisión. El Leicester City rechazó una oferta que se estima en unos 60 millones de libras por parte del Manchester City para fichar a Rayed Mahrez, un jugador por el que pagaron 500.000 libras a Le Havre, simplemente porque no tenían que vender, y mientras incluso los jugadores menores de la Premier League se encuentran en esta situación. Ya casi cualquier es rico si los derechos televisivos siguen aumentando. Los ricos se volverán más ricos, y los pobres se empobrecerán, a menos que, por supuesto, descubran a un Dembélé, a un Coutinho, un Van Dijy, Mahrez, Vardy o a quien sea, y entonces den por seguro que no les oirán lamentarse. Pero, ¿a quién beneficia? La falta de competitividad de las distintas ligas, harán que el fútbol pierda interés. Así que solo queda un remedio. Que las organizaciones internacionales pongan freno al desenfreno. Con límites de gasto y sueldos (incluso superior al que hay) se podrá seguir manteniendo la ilusión de que cualquiera puede ganar la liga o la Champions, la base del sueño de todo aficionado.

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